17 oct 2008

¿Me pregunto por qué...?

Cuando era peque (y me refiero a mucho más peque en edad), tenía una serie de libracos que se titulaban "¿Me pregunto por qué...?" que se supone que respondían a una montón de preguntas que se podría hacer un niño. De esas preguntas del tipo "¿cómo funciona y/o se construye una retroexcavadora?" o "¿cómo se sabe qué valencias tienen los elementos químicos?". Supongo que quien hizo el libro no se paró a pensar un momento en qué cosas podría cuestionarse un niño normal.

De todos modos, hoy me ha venido esa pregunta a la cabeza. Me pregunto por qué... siempre acabo llevándome bien con mis ex. En serio, lo mío tampoco es normal.

Las ex son un colectivo social que debería ser exterminado. Aniquilado. Destruido. Reducido a la nada, en definitiva.

Siempre están ahí, zumbando cual abejorro en primavera, cual moscardón en agosto, cual teléfono móvil en la iglesia. Pidiéndote pequeños favores a los que no puedes negarte, que si te parases a pensarlo, te darías cuenta de que eres su manitas de la casa. Contándote anécdotas de su novia, esa a la que ya se follaba cuando aún estaba contigo. No, esa no era. O sí. En fin, podría haberlo sido, porque tú estabas demasiado ocupada confiando en ella como para percatarte de algo así.

Me pregunto por qué... no les mando a la mierda. Sería lo más beneficioso para mí. Porque no es una relación simbiótica, sino parasitaria. Sí, son parásitos. Y de los chungos.

Supongo que no lo hago porque en el fondo yo también las necesito. Aún no he descubierto para qué.

Quizá mi subconsciente tenga un retorcido y vengativo plan de exterminación para el que necesita seguir manteniendo su confianza en un nivel relativamente alto. Quién sabe.

Quizá en mi lista de propósitos del próximo año las incluya. O quizá deba proponerme ponerle fin mucho antes.

Bueno, mañana le digo que se olvide de mí para toda la eternidad. Ahora voy a grabarle los programas que me pidió.

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